viernes, 13 de enero de 2017

"En pie de paz", por Luis García Montero


He encontrado este tesoro entre la biblioteca de casa de mis padres. Es un pequeño libro que mi madre compró siendo alumna, escrito —por el también entonces alumno— Luis García Montero.




He aquí los motivos de su publicación, expresados por el autor: "Quede, pues, constancia de que estas páginas son un llamamiento colectivo a la lucha por la paz y a la solidaridad con los pueblos centroamericanos."

“Este libro, editado por el Comité de Solidaridad con Centroamérica, surge del trabajo solidario de todos sus participantes: Ricardo Calvente Chacón, José Calvente Chacón, Antonio González Castillo y Francisco Moreno Carmona (impresión y manipulado); M.ª Ángeles Anel y Walter de Fanti (composición); Juan Vida (diseño); Luis García Montero (poesía). Se terminó de imprimir en Granada, el día 20 de octubre de 1985, en los talleres de Servigraf, cedidos por José Villegas. Quede, pues, constancia de que estas páginas son un llamamiento colectivo a la lucha por la paz y a la solidaridad con los pueblos centroamericanos.”

Contra el célebre latinajo, yo os enseño: si quieres la paz prepárate a vivir en paz con todo el mundo. Mas si la guerra viene, porque no está en vuestra mano evitarla, ¿qué será de nosotros —me diréis— los preparados para la paz? Os contesto: si la guerra viene vosotros tomaréis partido sin vacilar por los mejores, que nunca serán los que hayan provocado, y al lado de ellos sabréis morir con una elegancia de que nunca serán capaces los hombres de vocación batallona.

Antonio Machado

En pie de paz

No detiene la muerte su larga enredadera,
ni las hojas de plata del invierno científico
que suben como tallos de araña rodeando
la soledad del mundo, el ojo y las estrellas.

Y de silencio muera la palabra en el verso;
lo sé, porque no puedo empapar con su vientre
la savia envenenada, el fuego de raíces
que llamean oscuras debajo de la tierra.

Metáforas gastadas que saben a metáforas.
Lo sé: la luz, el día, la vocación del sol
que nunca se arrepiente, son viejos voluntarios
de los primeros versos escritos a la vida.

Metáforas gastadas, porque también la muerte
se acomodó a las suyas: un alacrán nocturno
y el grito de la espada que levanta en su lámina
las cosas que nos duelen y son el enemigo.

Pero a veces el aire es pólvora, los sueños
se convierten en turbia pesadilla, las balas
aprenden de memoria su destino y el cuerpo
a su destino acude, en busca de la bala.

Entonces yo regreso a vosotras, palabras;
tal vez como el muchacho que recoge la sangre
caída de un amigo, y corre hasta la brecha
y sigue resistiendo desde la barricada

o quizás como el náufrago que se amarra en un mástil
luchando con las olas y con su agotamiento.
En pie de paz, yo vuelvo, regreso a las palabras,
a vosotras antiguas camaradas del mundo,

camaradas del hombre que os pide y os levanta
hechas lirio, consigna, empeño de futuro,
mientras la luz nostálgica y el arado del día,
todas aquellas cosas que son más que palabras,

siguen amaneciendo con la misma impaciencia
que la muerte utiliza para fijar sus víctimas,
que la muerte utiliza para hacer su comercio,
que la muerte utiliza. Yo regreso a vosotras,

cómplices en la noche de los enamorados,
pequeñas como un nombre que apenas se pronuncia,
oídas en el sótano de las calles más tristes,
canción de retaguardia. Yo regreso a vosotras,

porque busco hasta el límite roto de mi conciencia
esa ciudad oculta debajo de la mano
que me llama sin nieve a la mitad del sueño
para hacer el amor o darme una noticia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario