viernes, 19 de agosto de 2016

«Escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido»

Viajar es volverse mundano 
es conocer otra gente
es volver a empezar. 
Empezar extendiendo la mano,
aprendiendo del fuerte, 
es sentir soledad.

G.García Márquez

Viajar, viajar y ver cinco ciudades en un fin de semana. Qué maravilla de fin de semana. Estos lugares, aparentemente impronunciables, Banská Bystrica, Banská Štiavnica, Bojnice, Kremnica y Štrbské Pleso, han terminado de confirmarme que Eslovaquia es un país rico y en pleno desarrollo turístico, envuelto en un halo de natural belleza, tal como podéis observar en las siguientes fotografías (cliquear para ampliar):

Banská Stiavnica
Strbské Pleso
Banská Bystrica
Castillo de Bojnice



Kremnica

Tuve el placer de visitar los Montes Tatras, que forman una cordillera en la frontera de Polonia y Eslovaquia y el sector más alto de los Cárpatos. La mayor parte de los picos más altos de la cordillera están situados en Eslovaquia; los mayores lagos de estas montañas se pueden encontrar en Polonia. Y también tuve el placer de probar Halušky, una de las comidas más típicas de Eslovaquia, hecha con patata y queso, realmente buena:


Además, en una de las ciudades que visitamos, pudimos presenciar uno de los bailes tradicionales eslovacos. Habiendo visto los Tatras, la exquisitez de la naturaleza y viendo a estos lozanos señores y señoras con sus trajes, me sentí como una completa tirolesa. 


Entre viaje y viaje, los días pasan y las ojeras aumentan (NO cliquear para ampliar): 


Y yo nada más que pensando en mi viaje a Polonia. Y entre pensamiento y pensamiento, disfrutando de Nitra estoy, paseándola, descubriendo cafeterías y rincones, acostumbrándome a las tormentas semanales y, poco a poco, haciéndome al lugar. Ya sé las mejores horas del día para pasear, los sitios más baratos donde comprar, dónde es mejor la verdura y dónde la fruta, cómo comunicarme con las mujeres de Correos para pedir sellos, qué autobuses me llevan a casa, a qué hora anochece, dónde hay más trapaceros y un largo etc. Y entonces llego al piso, el piso y los compañeros de piso, que a veces te hacen sentir un poco más cerca de casa, pues poco a poco te van conociendo y saben que unos crepes con plátano pueden hacerte el día mucho más fácil:



No quiero despedirme sin dedicarle su merecido espacio a la bebida estrella de Eslovaquia: la Kofola, o comúnmente conocida como "la versión mala de la Coca-Cola". 

Dando por sentado que NO soporto la Coca-Cola pero que no quiero irme de aquí sin probarla, lo hice, probé la Kofola y, Dios mío, creo que hasta aprecié un poco más las semillas de amapola. Yo solo puedo decir que una bebida tan comercializada por esta zona, originaria de una compañía farmacéutica, no puede significar nada bueno y, por lo tanto, está bien probarla, pero solo eso, para que si me preguntan si he probado la Kofola, decir que sí y no tomarla más. 

Lo mejor de esta bebida es su eslogan publicitario: "Když ji miluješ, není co řešit. / Keď ju miluješ, nie je čo riešiť." O, en cristiano: "Si te encanta, no hay nada más que pensar". O sea, que esta es una de esas cosas que, o te gusta o la evitas con todas tus ganas. Quería optar por una posición más neutral y decir, al menos, que pude terminarme mi Kofola Original pero definitivamente he tenido que elegir la opción: Keep calm and no more Kofola, please.


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